FRANCISCO
MOHEDANO,
Sacerdote,
aventurero, músico, poeta, hombre.
1927-1983
¡ Amar… sufrir… amor!
¡Qué inmenso mundo
tengo en mi,
y qué profundo
abismo de dolor!
¡Amor,
amor, amor!
Correr, subir,
bajar, luchar,
enloquecer, soñar…soñar…
Sentir, gozar,
llorar, sufrir…
Ambicionar,
pensar, dormir… morir…
Esta es toda la
vida:
¡Amar, amar, amar…!
Así definía su
vida mi querido tío FRANCISCO
MOHEDANO, meses antes de morir en
mis jóvenes brazos, tal día como hoy, hace ya 42 años, precisamente hoy, día de
la Poesía y comienzo de la primavera!
Mi tío Paco era
una persona completa y compleja:
Sacerdote humilde, sin pretensiones de ascender más allá de sus parroquias y feligresía. En Valsequillo comenzó a ejercer su ministerio y allí todavía es recordado en su bella Iglesia de la Inmaculada Concepción o subido a un caballo en la romería de la Virgen de Fátima en la que colaboró tenazmente por instituir:
Aventurero audaz, del
que guardo en mi mente su imagen de sotana y casco, montado en su flamante
moto Agusta MV 750, con la que se plantó en Roma, solo para poder rezar el Ángelus perdido en la multitud de peregrinos de la Plaza de San Pedro.
Músico y sobre todo melómano,
del que aún conservo mas de 200 discos de música clásica, e
incontables cintas que grababa de Radio clásica
en sus largas noches de solitario y dolorido insomnio que también aprovechaba
para plasmar sus sentimientos en
atormentados versos.
Poeta insomne, atribulado,
dolido y nunca sabido, del que guardo celosamente su obra clasificada en tres etapas activas que marcaron su vida: “El
seminarista” o la preparación para una
vida , “el sacerdote”, poesía de tinte
religioso, pero sobre todo costumbrista y cercano al pueblo y “el hombre”, que
refleja sus últimas vivencias que se entrecruzan y mezclan
en cuanto que…
Hombre, por encima de todo : Enamorado de la vida, más cerca de
la tierra que del cielo… Enamorado perdidamente de una mujer, uno de esos
amores platónicos por no correspondidos, porque no fue valiente para dar el
paso y desde entonces vivió atormentado,
encerrado en si mismo y en su depresión… y rechazado en cierto modo por la sociedad
de la época.
Dicen que las
personas mueren, cuando muere su recuerdo. Mi Tío Paco pervive en mi memoria y en
la mente de muchos, a pesar de
que pocos lo conocían como yo. Visito su tumba, le pongo flores, todavía
rezo en su recuerdo y releo de vez en
cuando alguna de sus poesías:
Mujer lejana ¿En qué plaza
has parado tu andadura?
¿O en qué boscosa espesura
has escondido tu casa?
…
Viento que quisiera asir
Y nube azul que tocar
Siempre ansiándote alcanzar
Sin poderte conseguir
…
Sin ver tus huellas te sigo
Y, extraña a mi, te deseo.
Sin conocerte te veo
Y te admiro sin saberte,
Te acaricio sin tenerte
y sin poder te poseo.
Hace diez años, publique una entrada más extensa sobre mi tio. puedes buscarla y leerla que tiene fecha 22 de marzo de 2014 o bien pinchar en el siguiente enlace
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