No es mucho, aproximádamente 6 cm, pero lo suficiente para cubrir la arboleda de blanco y de ilusión nuestros corazones.
Pero hay que cambiar los planes y coger el coche poco, así que decidimos ir a Fitero, que solo está a 3 km para conocer la ciudad y su famoso Monasterio.
Primero una vuelta, bien abrigados porque no cesa de nevar, por el casco historico de Fitero que no es otro que los alrededores del Monasterio, bien aprovechado para situar dentro de su entorno el Ayuntamiento, un cine, el casino, el centro de la tercera edad, la oficina de Turismo y la plaza del mercado.
Primero nos dimos una vuelta por el mercado al aire libre pero tenía muy pocos comerciantes atrevidos a exponer sus productos de la huerta, así que nos dirijimos a la Oficina de Turismo que nos informó muy detalladamente de Fitero, sus encantos y que a las 12 habría una visita guiada al Monasterio, "con sorpresa incluida", así que reservamos plaza y cogimos el coche hacia Cascante, pueblo a 12 km que tiene la Basílica de Nuestra Sra. del Romero.
Rapidamente nos volvimos a Fitero donde ya nos esperaba la guia, que mostró todo el Monasterio , con auténtico amor por su trabajo.
El Monasterio de Santa María la Real, pertenece a la orden del Císter. Su arquitectura es propia de la transición del románico al gótico al gusto cisterciense.
La iglesia se convirtió en parroquia a partir del siglo XVI, cuando el pueblo de Fitero crecía y necesitaba un lugar de culto donde poder asistir a todos los actos litúrgicos y recibir los sacramentos. Fue entonces cuando se organizó la capilla bautismal tomando una parte del claustro y cuando se levantó el coro en sustitución del anterior medieval situado en la nave central.
Es destacable de la parte monacal , el Claustro y la Sala Capitular; de la Iglesia, su coro, varios retablos e imagenes muy bien conservados y su órgano antíguo pero muy bien restaurado y conectado ( y aquí está la sorpresa) via internet con el órgano de la Catedral de Córdoba de tal manera que la guía, mediante una aplicación en la tableta conectó con Córdoba y lo hizo sonar interpretando solo la famosa tocata y fuga de Bach.
Salimos tan maravillados, y tan aprisa para volver al balneario que no me percaté de que me habia olvidado mi gorra en la Iglesia...
...¡Y al dia siguiente la acercó la propia guía al balneario!
¡A esto le llamo profesionalidad!






















